Cuadernos Geográficos, publicada por la Universidad de Granada desde 1971, acaba de estrenar en su plataforma editorial una sección titulada Colecciones. La novedad es sencilla y, a la vez, conceptualmente interesante: además de la navegación tradicional por números, los lectores pueden ahora acceder a los artículos del archivo agrupados por su vinculación con cada uno de los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible, del fin de la pobreza a las alianzas para lograr los objetivos, pasando por las ciudades sostenibles, el agua limpia, los ecosistemas terrestres o la acción climática.
Como gesto editorial es elegante y útil. Pero conviene detenerse un momento, porque ese gesto también dice algo sobre la disciplina que lo realiza.
Una continuidad que la cuadrícula vuelve visible
La geografía lleva mucho tiempo pensando los problemas que hoy condensa la Agenda 2030. Antes de que existieran las metas e indicadores, antes incluso de que la palabra «sostenibilidad» se incorporara al vocabulario ordinario, las páginas de Cuadernos Geográficos ya analizaban la presión sobre los recursos hídricos en el sureste peninsular, las dinámicas de despoblación en las áreas rurales de montaña, la expansión metropolitana sobre las vegas fértiles, los conflictos por el suelo en el litoral, las desigualdades territoriales en el acceso a servicios, o las transformaciones del paisaje agrario. Cuestiones, todas ellas, que hoy se reetiquetarían sin esfuerzo bajo los ODS 6, 11, 15 o 10. La cuadrícula es nueva; los problemas, no.
Esa es precisamente la primera virtud de la sección de Colecciones: hace visible una continuidad. Releer el archivo de la revista con la lente de los ODS revela que la geografía nunca ha dejado de hacer aquello que la Agenda 2030 propone como horizonte, aunque lo dijera con otro vocabulario, otros marcos teóricos y otras herramientas. Es un recordatorio oportuno frente a cierta retórica reciente que tiende a presentar la sostenibilidad como un giro epocal, como si las disciplinas tuvieran que reinventarse para estar a la altura. La geografía ya estaba allí, sólo que ahora se le pide que lo enuncie en el lenguaje compartido de las agendas internacionales.
Los límites de toda clasificación
La segunda lectura es más matizada. Toda clasificación temática es también un dispositivo de visibilidad, y los ODS no son neutros: son una cuadrícula nacida de un consenso político concreto, con sus prioridades, sus ausencias y sus puntos ciegos. Hay trabajos geográficos —los más conceptuales, los más históricos, los más metodológicos, los que dialogan con la teoría social o con la epistemología de la disciplina— que difícilmente encajan en ningún objetivo sin forzar la etiqueta. Hay otros que podrían figurar simultáneamente en cinco. Y hay zonas de la geografía, especialmente en sus tradiciones críticas, que cuestionan los propios marcos de desarrollo y crecimiento sobre los que se asienta la Agenda 2030. La cuadrícula, vista así, es una herramienta de lectura útil, pero conviene no confundirla con un mapa exhaustivo de la disciplina.
El archivo como material vivo
Y hay una tercera lectura, quizás la más interesante para quienes nos dedicamos a la comunicación científica y a la edición. Iniciativas como esta convierten el archivo de una revista en un material vivo: no un depósito cronológico que sólo se consulta hacia atrás, sino un corpus que admite nuevas preguntas, nuevas reordenaciones y nuevas formas de descubribilidad. En un ecosistema editorial donde el valor de la ciencia abierta se mide cada vez más por su capacidad de circular y conectar, ofrecer una entrada temática alineada con marcos como los ODS no es sólo una mejora de interfaz: es una manera de afirmar que la investigación geográfica tiene algo que decirle a quien busca respuestas a los problemas urgentes de la época.
Que la geografía aceptara la Agenda 2030 al pie de la letra sería renunciar a su pensamiento crítico. Que la ignorara, en cambio, sería renunciar a un canal de diálogo con la agenda pública. Cuadernos Geográficos ha optado por una tercera vía sensata: ofrecer la cuadrícula como puerta de entrada, sin renunciar a todo lo demás que el archivo contiene. Es una decisión editorial pequeña en apariencia y significativa en el fondo.
La nueva sección puede consultarse en: revistaseug.ugr.es/index.php/cuadgeo/colecciones

